El momento de la política

Jordi Faus

El Global

La semana pasada, el Consejo y el Parlamento Europeo alcanzaron el denominado “acuerdo político” respecto de la reforma de la legislación farmacéutica europea. Es el momento de la política, siempre de madrugada. Es curioso cómo estas cosas siempre suceden de madrugada y en los días finales del semestre, cuando está a punto de cerrarse el periodo de presidencia del Consejo. Los amantes del buen café suelen decir que un café filtrado o de pote no tiene nada que hacer frente a un “espresso”. La diferencia entre los dos es la presión. Para hacer un buen café hace falta presión. Para cerrar un acuerdo también; hace falta algún tipo de presión.

En Europa, como las presiones pueden venir de tantos lados (de la Comisión, del Parlamento, de cada uno de los Estados miembro, de los sectores afectados), no es extraño que la presión la marque el calendario. En este caso, sin embargo, las presiones más importantes son conceptuales. En la Europa post pandemia, necesitamos impulsar la competitividad y garantizar la seguridad del suministro de medicamentos.

Es obvio que impulsar la competitividad implica impulsar la innovación; y que garantizar la seguridad del suministro implica favorecer la inversión industrial en la fabricación de principios activos farmacéuticos y de medicamentos así cómo velar por la sostenibilidad de los sistemas sanitarios públicos que forman parte no sólo de nuestros derechos sociales sino de nuestra cultura. Preguntarse si la nueva normativa dará respuesta satisfactoria a todas estas inquietudes es legítimo; y es normal que en estos días se hayan producido algunas primeras reacciones expresando satisfacción y otras expresando preocupación.

Las soluciones simples no existen, y ahora que tenemos un acuerdo político, toca ponerse a trabajar en diversos frentes. Uno de ellos, obviamente, es desgranar los aciertos y en su caso explorar cómo reaccionar ante los eventuales riesgos que pueden derivarse de las nuevas normas. Aquí cada uno verá las cosas bajo su prisma; y conviene analizar la situación con mesura.

Otro frente a considerar es medir el impacto que tienen, en la normativa farmacéutica, las normas que inciden desde otros campos. Me refiero, por ejemplo, la incidencia de las reglas que pretenden regir la inteligencia artificial sobre el desarrollo de nuevas terapias. También a cómo la normativa sobre protección de datos influye en el desarrollo de ensayos clínicos, o qué cabe esperar de la “Biotech Act”.

Hay trabajo por hacer, y tenemos meses interesantes por delante, pero al menos pronto trabajaremos sobre la base de un texto publicado el Diario Oficial de la Unión Europea, lo cual siempre ayuda. Hasta entonces no cabe sino congratularse de que se haya alcanzado un acuerdo, que por lo visto satisface tanto al Consejo y al Parlamento como a la Comisión.

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